Mucho antes del primer combate entre el inglés Tyson Fury y el norteamericano Deontay Wilder, que disputaron en diciembre de 2018, ambos comenzaron las innumerables ofensas en entrevistas y redes sociales, acentuadas con la cercanía de cada uno de los dos pleitos, que han efectuado hasta el presente.

Invicto en 30 combates, 21 favorables antes del límite, “El Rey Gitano” Fury (30-0-1, 21 KOs) y el “Bombardero de Bronce” Wilder (42-1-1, 41 KOs) chocarán nuevamente el 9 de octubre, en la T-Mobile Arena, donde estará en juego la corona pesada del Consejo Mundial (CMB), que el británico arrebató al norteño en el segundo duelo.

El primer enfrentamiento, en diciembre de 2018, finalizó sin decisión, cuando cada uno tuvo un voto favorable y el otro oficial dio empate a 113. Entonces Wilder alegó (y aún lo mantiene) que resultó perjudicado por los jueces, pues derribó en par de ocasiones a su rival, en noveno y duodécimos asaltos. A pesar de la opinión de Wilder, Fury estaba delante en las tarjetas de puntuación en los últimos cuatro asaltos, cuando ocurrieron las caídas.

Tomó poco más de un año para la revancha, ya que tanto Fury como Wilder ganaron dos veces en 2019. Para cuando se enfrentaron por segunda vez, el también británico Anthony “AJ” Joshua había perdido sus tres títulos mundiales y luego los recuperó frente al estadounidense de raíces mexicanas Andy “La Tormenta” Ruiz.

Muy diferente lució Fury en el segundo pleito, celebrado el 22 de febrero de 2020, en el lujoso hotel y casino MGM Grand, de Las Vegas. Más agresivo y llevando las acciones en todo momento, “El Rey Gitano” derribó a Wilder en la tercera y quinta rondas, hasta que en séptima la esquina del estadounidense lanzó la toalla en señal de rendición.

En los días posteriores a la pelea, Wilder insistió en que ejercería su opción para una tercera pelea. También puso como excusa del revés, el disfraz de 40 libras que había usado durante su avance desde los vestidores hasta el cuadrilátero.

Wilder ejerció oficialmente su derecho a una tercera pelea el 1 de marzo de 2020, con una fecha prevista del 18 de julio, pero la pelea no se concretaría durante más de 19 meses. Wilder-Fury II fue uno de los últimos eventos deportivos importantes antes de que el mundo se detuviera en los primeros días de la pandemia de coronavirus, poniendo en pausa cualquier plan.

En el otoño de 2020, se discutió una fecha de diciembre de 2020 en el Allegiant Stadium de Las Vegas, pero el fútbol y otros factores obligaron a postergar la fecha. Un mes después, Wilder recurrió a las redes sociales para decirle a Fury que “sé un hombre y honra tu palabra”.

Cada mensaje ha tenido una respuesta del otro y ya se cuentan por cientos, lo que ha creado una gran antipatía y un mal ambiente entre los dos.

Después de las negociaciones de rigor, ambas partes llegaron a un acuerdo para disputar el combate el 24 de julio. No obstante, el púgil británico se contagió de COVID-19 y resultó imprescindible reprogramar el combate para el 9 de octubre, en la misma sede prevista anteriormente, la T-Mobile Arena, de Las Vegas.

Desde el principio, Wilder ha afirmado que para este tercer pleito “quiero la sangre (de Fury), no el dinero. Lo odio y hay mala sangre que siempre estará ahí, Voy a hacer más que castigarlo, voy a hacer la cosa más brutal que pueda existir. El odio es una motivación para destruir, eso es lo que hace el diablo todos los días. Nunca antes había sentido algo así con ningún oponente”.

Nacido en Tuscalosa, Alabama, hace 35 años -cumple 36 el 22 de octubre próximo-, Wilder afirmó hace pocas horas, durante una entrevista virtual, que le “daré una paliza a Fury. Es tan simple como eso. Soy un Deontay Wilder reinventado. Algo que nunca han visto antes”.

Al referirse a su anterior reyerta frente al norteño, Fury dijo en tono de broma que “no solo lo golpeé en la segunda pelea, sino que tomé su alma, me la comí y todavía tengo su mojo en mi bolsillo”.

Con 33 años y oriundo de la ciudad inglesa de Manchester, Fury precisó que se encuentra enfocado para la pelea con Wilder, al que considera el oponente más peligroso en la categoría súper pesada.

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