Sin gran técnica, pero con potencia en los puños e incesante ataque, el mexicano Emanuel Navarrete venció por decisión unánime al estadounidense Rubén Villa, en La Burbuja, del hotel y casino MGM Grand, de Las Vegas, donde estuvo en juego la corona vacante de la Organización Mundial (OMB) en las 126 libras.  

Dos derribos en el primero y el cuarto asaltos de “El Vaquero” Navarrete (32-1-0, 27 KOs) al zurdo “RV4” Villa (18-1-0, 5 KOs) resultaron determinantes en la votación de los jueces. Tim Cheathan y Max DeLuca entregaron boletas de 114-112, en tanto Patricia Morse otorgó al mexicano una ventaja más amplia: 115-112.

Fue la clásica pelea entre el pegador nato y el estilista que se mueve con rapidez y busca las brechas en la guardia de su adversario para colocar los golpes, en este caso con mucho menos fortaleza de parte del nacido hace 23 años en Salina, California, comparándolo con los de Navarrete, de 25 y oriundo de San Juan Zitlaltepec.

Ya en los finales del mismo primer asalto, Navarrete conectó un gancho de zurda al mentón de Villa y el estadounidense cayó sentado en el centro del cuadrilátero. El árbitro Russell Mora hizo la cuenta obligatoria. No hubo mayores consecuencias porque restaban pocos segundos para el cierre de la fracción.

Villa hizo los ajustes indispensables en los dos episodios siguientes, moviéndose incansablemente y soltando mayoritariamente el jab de derecha, lo que evitó que los largos bombazos de su oponente impactaran en su anatomía.

Pero en el último minuto del cuarto round, un swing de la mano siniestra de Navarrete llegó al rostro de Villa, a quien se le doblaron ambas piernas y puso la rodilla izquierda sobre la lona. Nuevamente Mora le ofreció la protección. El sonido metálico nuevamente vino en ayuda de Villa al concluir los tres minutos reglamentarios de pelea.

A partir de ahí, Villa, gracias a su movilidad, logró evitar otros contundentes golpes que lo derribaran, mientras pegaba de riposta y descontaba la ventaja en la puntuación que tenía Navarrete, consecuencia de las dos caídas. 

En la segunda parte del combate, la técnica de Villa sobrepasó la fortaleza de los puños y el alcance y estatura de Navarrete, un boxeador que no posee una forma elegante de combatir, pero sí eficaz, al presionar de principio a fin y abrumar a su rival con un alto volumen de golpes lanzados.

“Sabía que Villa era un peleador que se movía mucho y sabía que se movería aún más una vez que sintiera mi poder”, dijo Navarrete después de la pelea. “No obtuve el nocaut, pero obtuve la victoria”.

¿QUE VISLUMBRA EL FUTURO PARA NAVARRETE?

Monarca ahora en dos divisiones, Navarrete ahora se convierte en un adversario poderoso para los púgiles en la cima de las 126 libras, en especial de los otros campeones: el estadounidense Gary Russell Jr. (31-1-0, 18 KOs), el mexicano Leo Santa Cruz (37-1-1, 19 KOs) y el británico Josh Warrington (30-0-0, 7 KOs), campeones del Consejo Mundial (CMB), la Asociación Mundial (AMB) y la Federación Internacional (FIB), respectivamente.

De los tres, Santa Cruz, de 32 años, es el único que está descartado, ya que tiene un pleito en el horizonte, pues chocará con el talentoso zurdo estadounidense Gervonta “El Tanque” Davis (23-0-0, 22 KOs), el 31 de octubre, en el Alamodome, de San Antonio, Texas, donde el azteca expondrá el cinturón súperpluma de la AMB y el norteño, el correspondiente a la misma organización, pero en las 135 libras. La reyerta está marcada en las 130 libras.

Todavía sobre el cuadrilátero, Navarrete afirmó que “tengo la mira puesta en todos los campeones del mundo en las 126 libras. Me encantaría enfrentarme a (Josh) Warrington. Creo que nuestros estilos permitirán que sea una gran pelea”.

Algunos escépticos estiman que dado los innumerables fallos técnicos de Navarrete tendrá dificultades frente a esos otros, considerados “monstruos” de la división, porque su defensa es elemental y con muchas brechas. Sin embargo, sus simpatizantes resaltan que es un miura que va siempre hacia adelante, convencido de sus virtudes y con una fortaleza poco común en los puños.

Sin dudas, Navarrete comete innumerables errores en el desenvolvimiento sobre el cuadrilátero, pero respaldado por su incesante actividad y golpeo constante, limita el accionar de sus adversarios, quienes obligatoriamente deben salirse del plan táctico preconcebido por sus entrenadores. Con él hay poco tiempo para pensar.

Ésta, versus Villa,  resultó la segunda presentación de Navarrete en peso pluma. En la anterior anestesió en el sexto capítulo al también mexicano Uriel “Yuma” López, el 20 de junio, en el Gimnasio de TV Azteca, pero al no existir una Comisión que validara el pleito, debido a que no estaban autorizados los combates en México por la pandemia del COVID-19, se consideró “No válido” (NC) el resultado.

Cuatro meses antes, Navarrete había aplicado también el cloroformo, en el undécimo episodio, al filipino Jeo “Tupas” Santísima (19-3-0, 16 KOs), en la que significó la quinta y última defensa del cinturón OMB de las 122 libras.

El resultado ante Santísima elevó a 26 las victorias consecutivas, 22 por la vía del sueño, después de su único fracaso hace ocho años, por fallo unánime ante Daniel Argueta, en Polanco, México, cuando contendía en la categoría mosca (112 libras).

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