Cargado de optimismo viajó el gemelo australiano Andrew Moloney hacia Estados Unidos, donde haría su debut profesional ante el exigente público del país de las barras y las estrellas. Su mayor objetivo: retener la corona (regular) súper mosca de la Asociación Mundial (AMB) y en consecuencia despejar el camino para vérselas con el nicaragüense Román Gónzalez, súper campeón del mismo organismo.

Pero al vencerlo por fallo unánime, el estadounidense Jason “El Profesor” Franco (17-1-2, 8 KOs) convirtió en pesadilla para Moloney (21-1-0, 14 KOs) la noche del 23 de junio, en el teatro La Burbuja, del Centro de Conferencias, del lujoso hotel y casino MGM Grand, de Las Vegas, donde se efectuó la velada sin público y bajo estrictas medidas sanitarias, para evitar la propagación del COVID-19, la mortal pandemia que azota el mundo desde hace varios meses.

Franco, de 24 años, de padres mexicanos y nacido en San Antonio, Texas, además de arrebatarle el cinturón de las 115 libras, le propinó el primer fracaso en las filas rentadas a Moloney, de 29 y oriundo de Melbourne. Encima de ello, lo envió al hospital del Centro Médico de la Universidad, donde le diagnosticaron que tenía perforados dos tímpanos, consecuencia de los golpes.

De acuerdo con Jason, el gemelo de Andrew y también boxeador, su hermano comenzó a vomitar al finalizar el combate y como medida preventiva, decidieron colocarlo sobre una camilla y trasladarlo al nosocomio universitario para un examen detallado.

El pleito, convertido en batalla campal, mostró dos momentos: del primero al octavo, cuando las acciones estuvieron bastante niveladas, con fuertes intercambios y ventajas del lado de cada contendiente. Y una clara y decisiva ventaja de Franco en los cuatro asaltos finales, cuando mostró mejor preparación física que su oponente, éste totalmente exhausto en las postrimerías del enfrentamiento.

Con una ráfaga de impactos en el undécimo, Franco propició que Moloney colocara sus guantes sobre el tapiz, lo que de inmediato obligó al árbitro Tony Weeks a efectuar la cuenta protectora, un derribo que a las claras se convirtió en factor decisivo en las tarjetas de los jueces, ya que Patricia Morse y Dave Moretti entregaron boletas con puntuaciones de 114-113, en tanto Julie Lederman dio la suya con anotación de 115-112, todas favorables a Franco.

Al concluir la reyerta, la compañía CompuBox mostró ventaja en los golpes de Franco, quien impactó 231 veces en la anatomía de Moloney, mientras el de la isla-continente lo hizo en 191 oportunidades sobre el mexicano-estadounidense. Pero en los cuatro episodios finales, Franco marcó 103 golpes y Moloney 50.

Con humildad, Moloney aceptó el resultado adverso: “Se merecía ganar el título con su esfuerzo. Cerró la pelea fuerte, como un verdadero campeón. Ésta no fue la mejor versión de Andrew Moloney, le doy todo el crédito a Joshua Franco. Pero pronto estaré de vuelta. Una derrota no definirá mi carrera”.

En su compromiso anterior, Moloney se impuso por abandono en el octavo asalto del guyanés, asentado en Nueva York, Elton Dharry, el 15 de noviembre pasado en Melbourne, donde estuvo en juego la faja interina súpermosca de la Asociación Mundial (AMB). Semanas más tarde, el organismo rector ascendió a Moloney a “campeón regular”.

Una profunda herida en el rostro de Dharry hizo que el médico de turno detuviera las acciones antes de comenzar el noveno asalto. En ese momento las tres tarjetas favorecían al australiano, dos con anotaciones de 79-73 y la otra 78-74.

“Siento una gran alegría y (el conteo) fue realmente crucial”, dijo Franco todavía sobre el cuadrilátero. “Necesitaba esa caída, pero pensé que poco a poco lo estaba destruyendo. Podía apreciarlo después de cada golpe. Entonces supe que llegaría a derribarlo. No me lo puedo creer que soy campeón mundial. Trabajé muy duro para esto. Sabía que el esfuerzo al final merecería la pena”.

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