El gigante ingles Tyson Fury despejó cualquier duda frente al estadounidense Deontay Wilder, al derrotarlo por nocaut técnico en el séptimo asalto, el 22 de febrero, ante una concurrencia de 15 mil 816 personas, en la sala Grand Garden, del lujoso hotel y casino MGM Grand de Las Vegas, donde se adueñó de la faja pesada del Consejo Mundial (CMB), que el norteño defendía por undécima ocasión.

En este segundo enfrentamiento entre ambos –el primero finalizó sin vencedor ni vencido en diciembre de 2018- “El Rey Gitano” Fury ( 30-0-1, 21 KOs) alcanzó un triunfo convincente, que incluyó par de caídas a su rival, en el tercero y el quinto, antes de que el árbitro Kenny Bayless detuviera las acciones, cuando habían transcurridos 1:39 minutos de la séptima fracción.

Todavía sobre el ring, el mastodonte inglés, de 6´9 pies y 273 libras al momento del pesaje del viernes, elogió a “El Bombardero de Bronce” Wilder (42-1-1, 41 KOs), quien pesó 41 libras menos y soportó una violento castigo desde el tercer asalto, que cuatro episodios más tarde obligó a su esquina a lanzar la toalla en señal de rendición, cuando el británico lo golpeaba con impunidad en una esquina neutral.

“Un gran saludo a Deontay Wilder”, dijo Fury con una ligera sonrisa y sin señales en su rostro de haber recibido fuertes impactos de su rival. “Él vino aquí esta noche, se preparó y realmente mostró el corazón de un campeón. Lo golpeé con una derecha limpia que lo hizo caer, pero volvió a levantarse. Es un guerrero. Volverá. Será campeón ¡Pero debo decirlo: ¡El rey ha vuelto a ocupar su trono!”

Y con el micrófono en su mano derecha, Fury añadió: “Les dije a todos que el Rey Gitano regresaría al trono. Todos me descartaron. Soy un destructor. No está mal para alguien con puños de almohada (un sarcasmo velado a declaraciones de Wilder, quien aseguró que lo golpes de Fury en el primer combate carecían de fuerza)”.

A continuación, Fury entonó una versión reducida de la canción “American Pie”, del famoso cantante y compositor estadounidense Don McLean III, que también coreó parte de su equipo y los miles de seguidores que viajaron de Inglaterra hasta Las Vegas para respaldar al nacido en la ciudad inglesa de Manchester.

El duelo comenzó con Fury al ataque y Wilder en retroceso. El estadounidense conectó dos limpias derechas rectas al rostro del visitante, pero éste mantuvo el jab en forma constante e igualmente impactó con algunos “bombazos” a la testa de su rival.

La segunda ronda quizás resultó la única favorable a Wilder. Dio algunos buenos golpes con su potente derecha, pero Fury los asimiló sin ningún problema. Se mantuvo el acoso del inglés, en tanto Wilder continuaba peleando de riposta. El asalto finalizó y después de la campana los dos mastodontes continuaron tirando golpes cerca de una esquina, lo que obligó a la intervención del árbitro Bayless para separarlos.

Pero en el tercero, un derechazo de Fury hizo caer a Wilder. Ni corto, ni perezoso, el tercer hombre sobre el tapiz hizo la cuenta reglamentaria. Hubo otra caída del oriundo de Tuscalosa, Alabama, pero fue considerada como un empujón y no por efecto de golpe alguno.

En el cuarto, Bayless molesto porque los púgiles no obedecían sus órdenes, detuvo el combate y les llamó la atención a ambos. Fury seguía atacando y el cansancio era evidente en Wilder, quien empezó a agarrar, debido al rigor de los golpes.

Buenas combinaciones de Fury en el quinto hicieron tambalear a Wilder. En ese momento, fluyó sangre de la oreja izquierda del norteño, que no se veía bien. Un gancho de izquierda a la zona hepática envió al monarca a la lona para la segunda cuenta favorable al inglés, que también fue penalizado con un punto por agarrar y empujar.

El total control de las acciones por parte de Fury se hizo evidente en el sexto. Los potentes impactos del europeo hicieron que Wilder sangrara también por la boca. En su estado físico, de cansancio extremo, era difícil pudiera llegar al final de los 12 asaltos programados. 

Ya en el siguiente capítulo, Fury fue por todo para acabar. Y lo consiguió con una secuencia de golpes al rostro y al cuerpo de su oponente, cuando éste se encontraba recostado sobre las sogas en una esquina neutral. Entonces Mark Breland, el entrenador asistente de Wilder, no quiso que la golpiza se extendiera más y lanzó la toalla.

WILDER MOLESTO CON SU ESQUINA

“Hubiera deseado que mi esquina me hubiera dejado continuar”, dijo Wilder, quien igualmente se quejó con el árbitro por detener el desigual combate. “Estaba listo para salir con mi escudo, porque yo soy un guerrero. Tenía muchas cosas que hacer en la pelea, pero mi piernas tuvo problemas debido a otras cosas”.

Ahora Wilder, por una cláusula incluida en el contrato que ambos firmaron, dispone de 30 días para solicitar la nueva revancha, que podría efectuarse en los meses de junio o julio.

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