Aunque un púgil posea habilidades extraordinarias y una trayectoria victoriosa en las filas amateurs, la transición a las filas rentadas, en ocasiones comienza con un tropiezo, que le demuestra ha dado el salto a un mundo diferente, de mayor exigencia y entrega para continuar por la senda del triunfo.

El zurdo cubano Robeisy Ramírez, un indiscutible talento del llamado Arte de Fistiana, brilló con la escuadra nacional de su país en los certámenes aficionados, a tal extremo que con sólo 19 años conquistó la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Londres-2012, en la división mosca (52 kilos). Cuatro años después volvió a lo más alto del podio en Río de Janeiro-2016, en esa ocasión en los plumas (56).

Monarca también en las Súper Series Mundiales, con categoría semi-profesional, así como en los Juegos Panamericanos de 2014, en Guadalajara, México, Ramírez comparte con su compatriota Guillermo “El Chacal” Rigondeaux y con el ucraniano Vasily “Hi-Tech” Lomachenko, el mérito de ser los únicos tres boxeadores actuales con doble título olímpico, aunque los dos últimos todavía ostentan coronas en el boxeo de paga.

Reconocido entre los mejores boxeadores cubanos de los últimos tiempos, Ramírez abandonó el concentrado de su país a principios de julio de 2018, cuando se entrenaba en la localidad de Aguascalientes, para los XXIII Juegos Centroamericanos y del Caribe, disputados unos días más tarde, en la ciudad colombiana de Barranquilla.

Trece meses después, Ramírez debutó en el pugilismo de paga, pero a diferencia de Rigondeaux y de Lomachenko, perdió inesperadamente por decisión dividida, ante el estadounidense, con ascendencia mexicana, Adan González, el 10 de agosto de 2019, en el Liacouras Center, de Filadelfia.

Resultó una sorpresa mayúscula, porque todos los que han visto a Ramírez, incluidos los directivos de Top Rank que lo acogieron en sus filas, consideraban que las cualidades del isleño lo llevarían en poco tiempo hacia la cima de la división pluma. Más aún, algunos llegaron a compararlo con Lomachenko, actual triple campeón de la categoría de peso ligero (135 libras).

La frustración resultó mayúscula, por González no sólo fue mejor sobre el cuadrilátero, sino que envió a Ramírez a la lona en el primera asalto, lo que por momentos pareció un simple derribo para acelerar la adrenalina del caribeño, que no ocurrió durante los cuatro episodios pactados. Un juez vio ganar a Ramírez 38-37, pero los otros dos fueron contundentes: 40-35 y 39-36 por González.

El ex campeón mundial estadounidense Timothy Bradley, que comentaba el pleito para la cadena ESPN, señaló entonces que “si (Ramírez) no se despoja de esos malos hábitos, le será muy complicado imponerse a este nivel”.

Y en su análisis añadió: “¿Cómo es posible que apenas tire el jab? ¿Cómo se queda parado delante su rival sin moverse? Tiene que aprender y mucho”. Sin dudas, debía conocer que el jab establece la distancia y la defensa no es solo para cubrirse el rostro y quedarse estático para recibir golpes. Es imprescindible moverse y soltar los puños.

Flotaron en el aire algunas interrogantes: ¿Cómo aceptaría Ramírez ese fracaso? ¿Sería el fin de su carrera o sólo un traspié ante la adversidad inicial? Vale recordar que el estadounidense Bernard Hopkins también cayó en su debut profesional y Lomachenko en el segundo ascenso al cuadrilátero, también entre los rentados.

ISMAEL SALAS SE HACE CARGO DE LA PREPARACION

Tras aquel frustrante resultado, Robeisy Ramírez contactó al profesor cubano Ismael Salas, con el propósito de que corrigiera los errores y lo convierta en un profesional destacado antes que sea demasiado tarde.

Ramírez se trasladó a Las Vegas, donde Salas tiene su cuartel general y de inmediato profesor y alumno se dieron a la tarea de comenzar la preparación para el segundo combate del isleño, que estaba pactado el 9 de noviembre, en Fresno, California.

“Tiene talento de sobra y estoy seguro que levantará sus resultados de ahora en adelante”, dijo Salas después de algunas jornadas con el diamante en bruto cubano. “El principal problema que veo en los boxeadores cubanos cuando llegan (al profesionalismo) es que no se sientan para tirar los golpes. En Cuba se trabaja mucho el movimiento, pero aquí hay que tener la posición para soltar los puños con fuerza, para que cuenten (en la puntuación de los jueces)”.

Ya bajo las instrucciones de Salas, la gran alegría llegó en el segundo combate cuando Ramírez anestesió en el sexto y último episodio al jovencito estadounidense, con sangre mexicana, Fernando Ibarra, de solo 19 años.

AHORA CONTRA RAFAEL MORALES

Han transcurridos tres meses desde aquel triunfo y ahora Ramírez chocará con el mexicano Rafael Morales, el 21 de febrero, en el Miccosukke Indian Gambing Resort, de Miami, en duelo pactado a ocho asaltos en la división pluma (126), que será transmitido por el canal TeleMundo.

Y Salas espera que su discípulo continúe obteniendo éxitos, porque “él presta mucha atención a las orientaciones, demuestra que aprende rápido y posee suficiente talento para conseguir su sueño, que no es otro que alcanzar un título mundial”.

Nacido él 20 de diciembre de 1993, en la provincia de Cienfuegos, en la zona central de Cuba, Ramírez comenzó en el boxeo a los 10 años de edad. Con 16 conquistó la medalla de oro en los Juegos Escolares Nacionales y de inmediato fue promovido al equipo juvenil de Cuba. En los siguientes 12 meses ganó el Mundial de la categoría, disputado en Bakú. A partir de ahí ascendió al equipo de mayores y los triunfos fueron ininterrumpidos en lides internacionales hasta 2018 cuando decidió probar esfuerzos en el boxeo profesional.

A pocos días de su tercer combate profesional, Ramírez rebosa optimismo: “Miami será la primera será la primera parada de lo que puede ser una temporada muy buena, la del despegue definitivo. Vengo a ganar e impresionar. Vengo a exponer mi boxeo, mi mejor versión’’.

Una nueva prueba para un talentoso boxeador, que todavía tiene un largo camino por recorrer, antes

de llegar al pináculo de su carrera, como hicieron Rigondeaux y Lomachenko, sus émulos en las Olimpiadas.

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