La noticia, a priori, provoca rostros incrédulos: Una dama de escasos cinco pies y 90 años ha sido elegida para el prestigioso Salón de la Fama del Boxeo Internacional, un sitio que atesora los nombres de los más relevantes púgiles (hasta ahora solo hombres) de la historia, así como innumerables hazañas, documentos, medallas y trofeos, en la localidad de Canastota, Nueva York.

Pero cuando se conoce en detalles la historia de Bárbara Buttrick, una singular señora, nacida el 3 de diciembre de 1929, en Cottingham, pequeño poblado al este de la ciudad de Yorkshire, en Inglaterra, del asombro se pasa a la admiración, porque con su tenaz y brillante carrera, se ennobleció el llamado Arte de Fistiana.

Conocida por el pseudónimo de “El Poderoso Átomo” del cuadrilátero, Buttrick, quien inició su carrera en 1948 y ha vivido por décadas en Miami, será exaltada oficialmente en junio, junto a la estadounidense Christy Martin y a la holandesa Lucia Rijker, y serán ellas las tres primeras mujeres boxeadoras, que engrosan el añorado y exclusivo recinto de los inmortales de este deporte.

En su natal Cottingham, Buttrick tuvo que atravesar muchas barreras para dedicarse al deporte a plenitud. Cuando era una jovencita, a inicios de la década de los 40 del Siglo XX, jugó esporádicamente al fútbol, pero por aquella época la sociedad inglesa miraba con recelo a las niñas que se vinculaban con los deportes.

Aunque estaba decidida a desafiar el “status quo” reinante, Buttrick tuvo la suerte de conocer a través de un periódico, la sensacional historia de la inglesa Polly Burns, nacida en 1881, en el seno de una familia que trabajaba en el circo, y coronada monarca mundial en 1900, al vencer por ausencia a la campeona estadounidense Mamie Donovan, en París.

Con 13 años y fascinada por la trayectoria de Burns, Buttrick le envió una carta a “su ejemplo a seguir” para contarle cuánto la admiraba y sobre el sueño de seguir sus pasos. “Me respondió ´no recibirás muchos halagos, y no hay muchas mujeres en el boxeo, pero debes hacerlo. Hazlo. Hazlo´”, recordó Buttrick hace pocos días cuando la ciudad de Miami Beach, donde reside, declaró el 15 de enero “el día de Bárbara Buttrick”.

Decidida a imitar a su ídolo, Buttrick consiguió un par de guantes viejos que le regaló un vecino y comenzó a boxear en el patio trasero de su casa. Pero mucho le costó seguir adelante, ya que desde muy temprano enfrentó la resistencia de la Junta de Control del Boxeo británico, que se negó a emitir licencias para las mujeres hasta los años 90 del pasado siglo.

Como no tenía autorización para combatir, Buttrick viajó por Inglaterra y Francia en una cabina de boxeo de carnaval, desde la cual desafiaba a multitudes a pelear, en las que a menudo cruzaba guantes con mujeres de mucho mayor talla y peso, porque no encontraba rivales de su categoría. Incluso, las reseñas de la época señalan que se enfrentó a hombres, aunque no hay constancia de los resultados de esos pleitos.

TRASLADO A ESTADOS UNIDOS

Ya en 1952, Buttrick conoció a un preparador estadounidense de Indiana, que la patrocinó a ella y a su esposo para que ambos se mudaran a Estados Unidos, donde tampoco se emitían licencias a las damas, pero “habían más mujeres boxeadoras”, según sus palabras al diario Miami Herald.

En su relato al medio del sur de Florida, Buttrick precisó que tras algún tiempo en territorio estadounidense escuchó comentarios acerca del popular gimnasio “5th Street Gym”, de Miami Beach, donde conoció a Mohamed Alí y a su entrenador Angelo Dundee. En la instalación se reunían muchas peleadoras, lo que entusiasmó a Buttrick para trasladarse definitivamente hasta ese territorio, que ha sido su terruño desde entonces.

“En ese entonces él solo era conocido como Cassius Clay y recién comenzaba”, expresó Buttrick al referirse al que es señalado por muchos conocedores como el mejor boxeador de todos los tiempos.. “Puedo recordar a Alí claramente, pero dudo que me hubiera prestado mucha atención, incluso como boxeadora. Siempre fue todo acerca de él mismo. Era solo un muchacho joven y apuesto”.

En 1957 recibió la primera licencia de boxeo femenino en Texas, posiblemente la primera emitida en los Estados Unidos de América. El 10 de octubre de 1999 Seattle Times, p. D1, informó que fue la primera mujer en tener una pelea transmitida en la televisión nacional, en 1954).

En la página “El mes en acción”, de la edición de diciembre de 1959 de la revista Ring, se publicó una foto de Buttrick derrotando a Gloria Adams en el norte de Miami, Florida.

A pesar de su amor infinito por la disciplina, Buttrick no pudo dedicarse nunca a tiempo completo al boxeo y tuvo que trabajar como tenedora de libros en la compañía Miami Engraving. Finalizada la jornada laboral, se trasladaba al gimnasio para hacer los entrenamientos correspondientes.

De acuerdo con las informaciones, Bárbara, quien poseía “una izquierda demoledora”, combatió en más de mil pleitos de exhibición, se impuso en 30 peleas profesionales, empató una y perdió otra antes de retirarse en 1960. “Hubo una pelea que perdí, con Joann Hagen”, precisó Buttrick. “Pero ella era mucho más alta que yo”.

Después de conquistar los títulos del orbe de peso mosca (112 libras) y de peso gallo (118 libras), Buttrick colgó los guantes y fue elegida como la primera presidenta de la Organización de Veteranas Boxeadoras. En 2014 fue exaltada al Salón de la Fama del Boxeo Femenino Internacional.

“Las oportunidades han mejorado para las mujeres”, aseguró Buttrick sobre el deporte actual. “Hubiera deseado nacer unos años más tarde. Yo no escuché a las personas que me exhortaban a dejar el boxeo. Hice lo que quería y creo que todas deberían hacer lo mismo. Todas deben tener la oportunidad de hacer lo que quieren”.

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