El zurdo cubano Luis “King Kong” Ortíz tiene total convencimiento de que derrotará al campeón mundial estadounidense Deontay “El Bombardero de Bronce” Wilder, en la revancha que sostendrán el 23 de noviembre, en el hotel y casino MGM Grand, de Las Vegas, donde el norteño efectuará la décima defensa del cinturón de peso pesado del Consejo Mundial (CMB).

Pero esa misma convicción está en la mente de Wilder (41-0-1, 40 KOs), quien asegura que el combate terminará en forma idéntica al anterior, cuando anestesió en el décimo episodio al caribeño, el 3 de marzo del pasado año, en el Barclays Center, de Brooklyn, Nueva York.

“Mental y físicamente estoy preparado para lo que traiga Wilder”, dijo Ortíz en una video conferencia internacional. “No tendré ningún problema, solo hemos ajustado algunos detalles para cambiar el curso de los acontecimientos, porque en el anterior combate lo tuve al borde del nocaut. Nunca antes en situaciones parecidas mi rival pudo seguir en pie. Así que era cuestión de añadir algunos golpes más”.

Aunque Ortíz (31-1-0, 26 KOs) es un boxeador de gran pegada, al que evaden otros pesos completos, esta nueva oportunidad le ha generado muchas críticas a Wilder y a su entorno, más aún por transmitirse bajo el sistema de Pague-Por-Ver (PPV).

“No estoy seguro si el golpe que lo puso en malas condiciones fue un gancho, pero si le conecto otro con potencia similar, no me detendré hasta que Wilder quede tendido sobre el cuadrilátero o el árbitro detenga las acciones”, añadió Ortíz, quien arribará a 41 años el 29 de marzo próximo.

En el anterior compromiso, Wilder, quien de 34 años, derribó a Ortíz en el quinto. Pero dos asaltos después el nacido en la oriental provincia de Camagüey conectó varios impactos que pusieron en malas condiciones al monarca. Para la mala suerte del cubano, casi de inmediato sonó el gong que puso fin a las acciones en esa fracción, en la que el árbitro David Fields intervino innecesariamente y propició la recuperación del gigante estadounidense.

Ya en el octavo, a Ortíz le faltó le faltó determinación para rematar, ese “instinto asesino” que pudo revertir la historia, lo que permitió que el oriundo de Tuscalosa, Alabama, se recuperara y con una serie de impactos concluyera el pleito por la vía del cloroformo en el décimo.

Ahora, fuentes cercanas a Ortíz confirmaron que hizo una buena parte de la preparación en una zona montañosa de Las Vegas. El objetivo: incrementar los niveles de oxígeno y en consecuencia la capacidad de resistencia ante los embates del norteño, quien carece de habilidades, pero es más joven y posee un puño derecho que es capaz de derribar a un miura.

Al margen del optimismo del boxeador isleño, debe poner máxima atención a la velocidad de manos de Wilder y sobre todo de su poderosísima mano derecha, la misma que definió el curso de las acciones en la reyerta anterior. De ahí que Ortíz debe buscar definir en los primeros asaltos, porque mientras más se extienda el pleito, le será más difícil conseguirlo.

“Esto no es nada personal con Deontay”, afirmó Ortíz, quien mide 6´4 pies, tres pulgadas menos que su oponente. “Se trata de lograr mi objetivo de convertirme en el primer cubano con una corona en los pesos completos. Este es un sueño que tengo desde los 10 años y estoy convencido que lo voy a lograr. Para eso me he preparado como nunca antes”.

Ortíz suma tres victorias después del fracaso ante Wilder, la última frente el rumano-alemán Christian Hammer (antes Cristian Ciocan), el 2 de marzo, en el Barclays Center, donde el cubano dominó las acciones todo el tiempo. Dos de los jueces otorgaron boletas de 99-91 y el otro concedió los 10 asaltos a Ortíz (100-90).

Los dos triunfos anteriores de Ortíz fueron por nocaut en el segundo asalto frente al rumano Razvan Cojanu, en julio de 2018 e igualmente por la vía del cloroformo en el 10mo ante el estadounidense Travis Kauffman, en diciembre, en el Staples Center, de los Angeles, California, donde el norteño fue a la lona en el 6to y el 8vo, antes de ser derribado definitivamente en el 10mo.

WILDER: “HICE LA PELEA CON GRIPE”

“El séptimo asalto fue un momento increíble para mí”, dijo Wilder durante la conferencia internacional con los medios. “Le permitió ver al mundo el campeón que tienen los Estados Unidos. En primer lugar entré a la pelea con gripe. El protocolo adecuado es cancelar y esperar hasta que el boxeador esté sano. Pero yo soy obstinado y hago las cosas que otros boxeadores no hacen. Ese soy yo y quiero que mi legado sea diferente”.

Wilder expresó que la campana salvó a Ortíz en el quinto asalto. Y repitió, como ha hecho en otras ocasiones, que los golpes del cubano no lo pusieron al borde del nocaut en el séptimo. “Tiró de todo y yo estaba enfermo. Recuerdo que me zumbaron los oídos, pero nunca estuve herido. Entonces traté de engañarlo, solté el jab para que supiera que todavía estaba ahí, y él comprendió por mi lenguaje corporal, que no debía arriesgarse demasiado, porque sería peligroso. Ese séptimo round fue algo grande para mí, porque me permitió saber realmente de qué estoy hecho”.

En su más reciente combate, Wilder anestesió en el primer asalto a su coterráneo Dominic “El Problema” Breazeale, el 18 de mayo, en el Barclays Center, donde el árbitro Harvey Dock detuvo el enfrentamiento cuando habían transcurridos 2:17 minutos. Antes había empatado con el también mastodonte inglés Tyson “El Rey Gitano” Fury, el 1 de diciembre, en el Staples Center, de Los Angeles.

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