Convincente, sin margen a las dudas, resultó el triunfo del zurdo cubano Erislandy Lara frente al mexicano Ramón Alvarez, quien quedó a deber en todos los sentidos, lo que no demerita en modo alguno la actuación del isleño, quien se adueñó de la corona vacante súperwelter de la Asociación Mundial (AMB).

Después de un inicio de poca acción, con ventaja indiscutible del púgil caribeño, en el segundo asalto, “El Sueño Americano” envió al hermano de Canelo Alvarez hacia las sogas con una ráfaga sucesiva de su mano izquierda. El árbitro Marc Nelson hizo la cuenta reglamentaria, cuando el azteca estuvo a punto de caer fuera del encordado, consecuencia de los repetidos impactos.

Tras la protección otorgada por el oficial, otra seguidilla de golpes puso en malas condiciones a “Inocente” Álvarez y Nelson intervino para dar por terminadas las acciones. Faltaban pocos segundos para que concluyera el segundo round, que dejó al público con la miel a flor de labios, ya que se esperaba una guerra de larga duración, que ambos contendientes había enfatizado como una reyerta de carácter personal.

Lara dijo en múltiples ocasiones que se desquitaría con Ramón por el injusto y polémico revés ante Canelo en 2014, cuando dos jueces, Levi Martínez (117-111) y Dave Moretti (115-113) favorecieron al pelirrojo mexicano, en tanto el otro oficial, Jerry Roth (115-113) entregó su boleta con ventaja para el cubano. Y el nacido en Guadalajara insistía en que sería el otro éxito de la familia Alvarez frente a Lara, tal “como lo hizo mi hermano algunos años atrás”. La controversia se mantuvo durante semanas, lo cual incrementó el morbo por el pleito.

Un día antes del combate se vivieron momentos de incertidumbre durante el pesaje. Alvarez detuvo la báscula en 158,6 libras (4,6 libras por encima del límite permisible para la categoría). Aunque el mexicano no logró dar el peso y en consecuencia quedó excluido de luchar por la faja, Lara y su equipo autorizaron a efectuar la pelea con la doble motivación de poder recuperar el título que tuvo en su poder hasta 2018, cuando lo perdió ante el estadounidense Jarret Hurd y, además, lograr el “desquite” de aquel memorable pleito con Canelo.

Los esfuerzos de Ramón Alvarez para alcanzar el tope de las 154 libras, evidentemente tuvieron malas consecuencias durante la pelea del sábado. Se presentó lento (más de lo que acostumbra), sin energías para soltar sus manos y carente de una guardia efectiva para evitar los rápidos puños de Lara. De cualquier forma, la victoria de “El Sueño Americano” (26-3-3, 15 KOs), ahora bajo la asesoría técnica de su coterráneo Ismael Salas, le devolvió el optimismo para chocar contra los otros monarcas de la división, sin que haya cesado en su objetivo de obtener la ansiada revancha frente a Canelo, quien actualmente pelea en las 160 libras y podría enfrentar en un futuro cercano al ruso Sergey “El Triturador” Kovalev, campeón semipesado (175 libras) de la Organización Mundial (OMB).

“Quiero a agradecer a todo mi equipo y a mis seguidores por el apoyo”, dijo Lara en sus primeras palabras después de darle un abrazo a Salas y a los demás integrantes de la esquina. “Me siento muy bien por haber recuperado la corona mundial. Cuando lo arrinconé la segunda vez no quise lastimarlo, pues vi que ya estaba en mal estado”.

Cinco meses después del chocar con Canelo en julio de 2014, Lara conquistó la corona de la Asociación Mundial (AMB) al imponerse unánime y en forma convincente al estadounidense Ishe “Sugar Shay” Smith, en el Alamodome, de San Antonio. Texas. Pero en abril del pasado año, el estadounidense Jarret “Swith” Hurd, monarca de la Federación Internacional (FIB), doblegó el cubano por decisión dividida, en un pleito de unificación, que se caracterizó por los incesantes intercambios y recibió el reconocimiento de Mejor Pelea de 2018 por varios sitios especializados. La balanza se inclinó al norteño prácticamente en el asalto de despedida, cuando el zurdo cubano besó la lona. Dos de los jueces votaron por el norteño 114-113 y el otro dio idéntica puntuación al nacido en Guantánamo y radicado desde hace años en Houston, Texas.

En ese duelo, Lara plantó cara a Hurd, lo que fue un cambio en su estilo elusivo, de movimientos constantes, incluida su reconocida rapidez de manos y piernas. Once meses más tarde, el pasado 2 de marzo, Lara no pudo doblegar al entonces dueño de la faja regular de la AMB, el argentino Brian “El Boxi” Castaño, en el Barclays Center, de Brooklyn, Nueva York. Uno y otro púgil obtuvo una boleta favorable, en tanto el tercer oficial dio empate a 114.

El peleador cubano consideró que esos dos resultados indicaban la necesidad de hacer ajustes en su carrera, por lo que rescindió el vínculo con el técnico estadounidense Ronnie Shields y le entregó la responsabilidad de la preparación a Salas, quien lo guió durante los 10 primeros éxitos de su carrera profesional, entre 2008 y 2010. Ya en 2013, Lara obtuvo el título interino de la AMB al aplicar el cloroformo en el décimo asalto al mexicano Alfredo Angulo. Al año siguiente año, el zurdo caribeño conquistó la faja “regular” de la misma organización, con la mencionada victoria unánime ante el Smith.

“Pelearé con cualquiera en la división”, afirmó Lara, de 36 años, en respuesta a lo que serán sus planes futuros. “No me importa si tiene que ser una revancha (con Hurd o Castaño), pero prefiero pelear contra los mejores de mi división o los que están en divisiones cercanas. Quiero pelear contra Errol Spence Jr. o con Canelo Alvarez”.

El invicto Errol “The Truth” Spence (25-0-0, 21 KOs) chocará con el también estadounidense Shawn “Showtime” Porter, el 28 de septiembre, en el Staples Center, de Los Angeles, donde disputarán los títulos welter (147 libras) de la Federación Internacional (FIB) y del Consejo Mundial (CMB), que poseen respectivamente.

No obstante, la Asociación Mundial (AMB) tiene previsto un combate de unificación entre Julian “J-Rock” Williams, actual súpercampeón de las 154 libras, y Lara, el nuevo monarca “regular” del propio organismo, en el prolongado afán de tener un solo campeón por categoría. Williams se impuso unánime a Hurd, el 11 de mayo, en Virginia, donde le propinó el primer revés de su carrera al derrotado.

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