Manny Pacquiao derrota a Keith Thurman y agiganta su leyenda -Por J.J. Álvarez

Manny Pacquiao obligó a Keith Thurman a tragarse sus palabras. “Lo voy a noquear. Lo voy a mandar a retiro”,repitió el norteño en innumerables ocasiones. Lejos estuvo de suceder su presagio la noche del 20 de julio, en la sala Garden, del lujoso hotel y casino MGM Grand, de Las Vegas, donde más de 14 mil espectadores tuvieron la oportunidad de asistir a un combate histórico, entre la juventud y la experiencia.

“PacMan” Pacquiao regaló una actuación para quitarse el sombrero ante su gallardía, su coraje, su vergüenza, sus ansías infinitas por llevarse la victoria ante cualquier adversario, aunque el de turno, Thurman, es 10 años más joven y lo supera en alcance y estatura. Pero nada de eso fue obstáculo para el astro zurdo filipino, quien tiene asegurado un lugar entre los inmortales del boxeo cuando decida colgar los guantes.

Fue un combate digno de admirar y aplaudir. A la altura de los mejores y seguro candidato al reconocimiento de “Pelea del Año”. En esa velada mágica, el público estuvo todo el tiempo con Pacquiao por su rica trayectoria y esa enorme modestia que le granjea simpatizantes en todo el mundo. “Manny, Manny, Manny” se escuchó en cada golpe salido de los puños del tagalo, recibido con una fortísima ovación cuando se anunció su nombre por los altavoces al ingresar a la sala y más estruendosa al darse a conocer el ganador.

Después de un épico duelo, con mucha adrenalina, en el que ambos dieron lo mejor de sí a lo largo de los 12 asaltos, dos de los jueces otorgaron el veredicto a Pacquiao con boletas de 115-112 (Tim Cheatham y Dave Moretti), en tanto Glenn Feldman se inclinó por Thurman (114-113), en un fallo dividido, que pudo inclinar la balanza hacia uno u otro.

Desde el campanazo inicial Pacquiao salió a la ofensiva y “One Time” aceptó el reto. Hubo varios intercambios fuertes, como anuncio de lo que regalarían a los presentes y a los miles que seguían las incidencias del pleito a través de la pequeña pantalla, en transmisión de pague-por-ver por la cadena Fox. Ya en el último minuto, Pacquiao inició un ataque que impactó en el estómago del norteño con su mano izquierda, seguida por una derecha al rostro que derribó a Thurman, entonces en retroceso y carente de balance en sus pies.

Se levantó Thurman rápidamente y mientras esperaba la cuenta de Kenny Bayless, su rostro mostraba la misma sorpresa de muchos en la instalación. Pero, aunque hubo otro barraje del asiático, llegó el fin del asalto sin mayores complicaciones. En el segundo y el tercero, Pacquiao continuó mostrando velocidad de manos y piernas, en tanto el norteamericano se recuperaba del susto e iba poco a poco ajustando el plan táctico de combate. No obstante, en el quinto la nariz de Thurman comenzó a sangrar profusamente después de recibir par de golpes. En el descanso hubo un buen trabajo del cutman en la esquina y el sangrado se detuvo.

A partir de la mitad del enfrentamiento, Thurman logró mantenerse a la distancia y golpear con fortaleza al rostro de su rival, que había perdido velocidad y tenía dificultades para entrar a la zona cercana, aunque por momentos Pacquiao golpeaba en seguidilla, pero recibía bastante castigo sobre todo impactos de poder a la cabeza.

El sexto fue un buen episodio para Thurman. Pudo penetrar mejor la defensa del senador filipino, quien en varias ocasiones se recostó a las sogas con sus puños como una única protección. En el noveno, Thurman aventajó ampliamente a Pacquiao. Conectó los mejores y más sólidos golpes,

Pero en el décimo, Pacquiao llegó con una potente zurda al costado derecho de Thurman. Las piernas se le doblaron al entonces invicto y súpercampeón de la Asociación Mundial (AMB). Pero lejos de rematarlo, el filipino se quedó expectante, con un poco de incredulidad, lo que facilitó que su oponente, con evidente muestra de dolor por el impacto, se replegara por todo el cuadrilátero sin recibir el tiro de gracia que podía haber concluido la reyerta.

Así llegaron al final, ambos cansados y con sus rostros exhibiendo el fragor de la batalla, pero sin ceder ni una pulgada en el escenario. Como justo premio, recibieron una fuerte ovación del respetable, que se desbordó en gritos al concederse la victoria a Pacquiao, quien, sin duda con la sólida demostración, agigantó su legado.

“Es un gran peleador, es una leyenda”, reconoció Thurman todavía sobre el cuadrilátero “Me sorprendió tanta velocidad y combinaciones. Entré lento y fuera de ritmo. Pero me ganó bien. Estuvo muy agresivo desde el principio”.

Con 30 años y nacido en Clearwater, Florida, Thurman (29-1-0, 22 KOs) venía de vencer por fallo mayoritario a Josesito López, en enero pasado, en el Barclays Center, de Brooklyn, Nueva York, después de dos años de inactividad, tras someterse a una cirugía en el codo y sufrir, además, una lesión en su mano derecha.

“A pesar de que Thurman perdió, hizo su mejor esfuerzo”, señaló Pacquiao. “No es un oponente fácil. Es un buen boxeador, inteligente, agresivo y fuerte. Nunca se rindió. Simplemente estuve bendecido esta noche. Agradezco mucho a todas las personas que vinieron a presenciar la pelea. Estoy seguro que están felices porque vieron un buen combate”.

Pacquiao, quien cumplirá 41 años el 17 de diciembre, venía de ofrecer otra magnífica pelea ante el estadounidense Adrien “El Problema” Broner, al que doblegó por unanimidad también en el MGM Grand. Dos oficiales entregaron boletas de 116-112 y el otro de 117-111. Antes, y tras un período de casi un año de incertidumbre, pues había señalado que se retiraría del boxeo para seguir en la política en Filipinas, Pacquiao logró un impresionante triunfo por nocaut técnico en siete asaltos, ante el argentino Lucas “La Máquina” Matthysse, en julio de 2018, en Kuala Lumpur, Malasia. El resultado fue más alentador, tras un largo período de nueve años sin anestesiar a sus oponentes.

“Me gustaría la revancha”, dijo Thurman, en un tono totalmente opuesto a los días anteriores al pleito, en los que repitió hasta la saciedad que daría una golpiza al tagalo y lo obligaría a colgar los guantes. “Sentí que en las postrimerías él estaba un poco cansando, pero tiene mucha experiencia sobre el ring y de ahí su resultado. Lo felicito por la victoria”.

El pleito le reportó a Pacquiao 20 millones de dólares solo por contrato y la corona de súpercampeón welter de la AMB. Junto a ello, Pacquiao ratificó que es un gran guerrero, difícil de vencer por su compromiso con los entrenamientos y excepcionales virtudes en el denominado Arte de Fistiana. Thurman, unido al fracaso, recibió una lección: con rivales de la estatura deportiva de Pacquiao hay que medir las palabras. Seguro no lo olvidará.

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