Kazuto Ioka e Ismael Salas hacen historia en boxeo de Japón – Por J.J Álvarez

Detrás de cada hazaña deportiva hay siempre héroes anónimos. Hombres o mujeres que desde las sombras enseñan, orientan, aconsejan y dan aliento para que los protagonistas lleguen a brillar con luz propia. La historia del japonés Kazuto Ioka, quien hace pocas horas se convirtió en el primer japonés con títulos mundiales en cuatro divisiones distintas, es la confirmación que los grandes éxitos están respaldados por figuras que en la mayoría de los casos hacen su labor en forma anónima o relegadas en los grandes cintillos periodísticos. Durante largos 18 años, Ioka ha tenido a su lado en múltiples ocasiones al entrenador cubano Ismael Salas, un paciente técnico que ha conducido hasta la cima a más de 15 monarcas ecuménicos.

Para consumar el triunfo, Ioka, de 30 años y oriundo de la ciudad de Sakai, en la prefectura de Osaka, anestesió en el décimo asalto al filipino Aston “Mighty” Palicte, el 19 de junio, en el Makuhari Messe, de Chiba, donde estaba en juego la faja vacante súpermosca de la Organización Mundial (OMB), que abandonó el filipino Donnie Nietes. Precisamente, el tagalo había derrotado a Ioka por fallo dividido, el último día del año pasado, en la Cotai Arena, del hotel y casino Wynn Palace, de Macao, China.

La victoria de Ioka (24-2-0, 13 KOs) le proporcionó la cuarta faja mundial, las anteriores de peso Mínimo del Consejo Mundial (11 febrero 2011), Minimosca de la Asociación Mundial (31 diciembre 2012) y de la categoría Mosca, también de la AMB (22 abril 2015), la primera en la ciudad de Kobe y las dos restantes en el Bodymaker Coliseo, de Osaka, la ciudad natal del ahora tetracampeón del orbe.

SALAS NUEVAMENTE EN LA ESQUINA DE IOKA
“He tenido la suerte de ver a Kazuto Ioka desde que tenía 12 años y desde la primera ocasión que observé el desenvolvimiento con los guantes me percaté de su gran talento”, dijo Salas, quien recibió un regalo especial de su pupilo, pues había cumplido 62 años dos días antes. “Desde aquel momento que comenzamos a entrenar juntos ha conquistado cuatro títulos mundiales, lo que me ha demostrado que su talento era real”.

Nacido en la oriental provincia cubana de Guantánamo, Salas hizo sus pininos en el boxeo a los 9 años de edad, orientado por su padre, quien trabajaba en la Base Naval estadounidense que radica en el archipiélago cubano. Como boxeador tuvo record de 46 triunfos y cinco revés, entre 1971 y 1978. Un tiempo después, con 21 años, abandonó el Arte de Fistiana, se vinculó de lleno a los estudios y se graduó en la carrera de profesor de Educación Física.

Una vez con el certificado universitario en su poder, Salas fue designado entrenador principal de la provincia durante 13 años. Bajo su asesoría cuatro púgiles del territorio, entre ellos el ex campeón mundial profesional Yuriorkis “El Ciclón de Guantánamo” Gamboa, conquistaron medallas de oro en Juegos Olímpicos.

Promovido a jefe técnico del colectivo nacional en 1983, Salas recibió una invitación del presidente de la Asociación Internacional de Boxeo Amateur (AIBA) para ayudar al desarrollo del boxeo en Pakistán, donde impartió sus conocimientos desde 1989 y hasta después de finalizados los Juegos Olímpicos de Barcelona-92. Entonces viajó a Tailandia y también bajo su experta pupila, el país asiático consiguió registrar seis monarcas del orbe en las filas profesionales y dos campeones olímpicos. En 1996, la Asociación Mundial (AMB) lo nombró Entrenador del Año.

Salas recuerda que durante el XII Campeonato Mundial Amateur, disputado del 6 al 12 de julio, de 2003, en Bangkok, capital de Tailandia, tuvo un momento de alegría y tristeza simultáneamente, cuando su entonces alumno el tailandés Somjit Jongjohor derrotó al favorito cubano Yuriorkis Gamboa en cuartos de final. Ya en la final, Jongjohor alcanzó la presea dorada al imponerse al francés Jerome Thomas.

“Yo conocía muy bien la forma de combatir de Gamboa y después del pleito le dije: ´lo siento, este es mi trabajo´y él aunque triste por el resultado, comprendió la situación”, dijo Salas, quien unos años más tarde, en 2007, se unió nuevamente a Gamboa, cuando el astro estaba radicado en Alemania, tras cesar sus vínculos con la isla.

Un año más tarde, Salas viajó a Estados Unidos y desde entonces reside en la ciudad de Las Vegas, donde tiene una academia-gimnasio, por la que han pasado renombres boxeadores como el venezolano Jorge “El Niño de Oro” Linares, Jessie Vargas, Rancés Barthelemy, Beibut Shumenov y Nonito Donaire, entre otros.

“Salas estuvo conmigo desde que era muy jovencito y cuando me convertió en campeón del mundo por primera vez”, dijo Ioka sobre el cuadrilátero tras doblegar a Palicte. “También entrenó a mi tío Hiroki Ioka, quien en par de ocasiones tuvo la faja mundial. Me siento muy honrado y agradecido en ser su discípulo”.

KAZUTO IOKA MULTIPLICO SU OBJETIVO
“Cuando salté al profesionalismo (en 2009), le expliqué a mi familia que mi objetivo era convertirme en campeón mundial en tres divisiones”, señaló Ioka hace algunas semanas a la revista The Ring. “Mi tío había obtenido coronas en dos categorías y yo que deseaba sobrepasarlo. Entonces cuando en 2015 me adueñé de la faja mosca de la AMB pensé retirarme del boxeo, porque había alcanzado la meta que me había propuesto”.

Después de derrotar por fallo mayoritario al argentino Juan Carlos “Cotón” Reveco, el 22 de abril de ese año, Ioka efectuó cuatro defensas exitosas, la última ante el tailandés Narast Aienleng, en Osaka, donde anunció que se tomaría un descanso para analizar si colgaba los guantes definitivamente.

Pero en los meses siguientes visitó Las Vegas y Los Angeles durante sus vacaciones. Estando en esa última ciudad, asistió al cartel del denominado SúperFly-2, disputado el 24 de febrero de 2018, en el Forum, de Inglewood, California, en el que participaron varios de los mejores 115 libras de ese momento: el tailandés Srisaket Sor Rungvisai, los mexicanos Juan Francisco Estrada y Carlos Cuadras, el argentino Juan Carlos Reveco, el filipino Donnie Nietes y el puertorriqueño MacWilliams Arroyo.

“Allí observé un ambiente que nunca antes había experimentado”, afirmó Ioka al recordar su estancia en California. “Cuando vi las peleas, disfruté el sabor latino de los fanáticos, la pasión de la multitud. Y al mismo tiempo, creía que podía competir con los púgiles que se presentaron esa noche. Me entraron deseos de pelear en ese nuevo entorno contra boxeadores realmente fuertes. Me pareció algo divertido, pero sentí un nuevo desafío en mi interior”.

Casi de inmediato, los representantes de Ioka se pusieron en contacto con los organizadores del certamen y cinco meses después Ioka, en su debut en las 115 libras, se impuso unánime al gemelo Arroyo en el 3er Súperfly, en combate efectuado el 8 de septiembre, en el Forum, de Inglewood, California, donde disputaron la faja Plata del Consejo Mundial (CMB). Como prueba de la potencia de sus puños, Ioka derribó a Arroyo en el tercer asalto y le propinó un corte en el ojo izquierdo en el décimo.

La segunda reyerta de Ioka en los súpermoscas -frente a Palicte (25-3-1, 21 KOs)- le reportó el cuarto título mundial, algo que ni siquiera fue su objetivo cuando comenzó a boxear. Ahora iguala al nicaragüense Román “Chocolatito” González, al venezolano Leo “Torito” Gámez y al filipino Nietes, los únicos que han conquistado coronas desde 105 hasta 115 libras en la rama masculina.

“He dedicado toda mi vida al boxeo”, dijo Ioka, después que el árbitro estadounidense Kenny Chevalier le levantó el brazo tras doblegar a Palicte. “Nunca pensé que alcanzaría tantos éxitos, pero estoy muy feliz por haber logrado este triunfo histórico”.

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