Joseph Parker y Andy Ruiz se citan con la historia -El calendario 2016 comenzó con un combate de campeonato en la máxima división del pugilismo profesional que, intentando dulcificar un poco el sentir general de los aficionados, se presentaba en el panorama de la categoría de más de 200 libras como un duelo totalmente irrelevante, con el perdón de sus protagonistas.

Una victoria del estadounidense Charles Martin frente al ucraniano Vyacheslav Glazkov con un final abrupto y soso, a la altura del tercer round (una lesión en la rodilla derecha impidió que el europeo continuara), colocó el título mundial avalado por la Federación Internacional (FIB) en manos del norteño, quien duró en su trono lo que tardó en escalar nuevamente al ring.

Tres meses después de aquella noche del 16 de enero que acarició la gloria en Nueva York, Martin volvió a pisar tierra, más bien a colisionar con el suelo, víctima de los puños de la estrella en ascenso del pugilismo británico, Anthony Joshua. En la O2 Arena londinense, el ídolo local lo llevó en par de ocasiones a la lona con potentes combinaciones a la cabeza, antes de rematarlo inclemente sin necesidad de boxear más allá del segundo asalto.

Los ex invictos Martin y Glazkov desaparecieron del mapa boxístico desde entonces, de regreso al anonimato del que emergieron cuando la FIB, en una decisión arbitraria e injusta, despojó al inglés Tyson Fury de su cinturón por respetar el contrato que había rubricado con el ucraniano Wladimir Klitschko y –consecuentemente– aceptar la revancha.

Llega el último mes del almanaque y, para no pocos seguidores del deporte de los puños, el clásico déjà vu: con Fury nuevamente como facilitador de la situación, aunque esta vez por sus múltiples problemas fuera del cuadrilátero, otra entidad que (des)gobierna en el boxeo rentado, la Organización Mundial (OMB), convoca a otro par de púgiles imbatidos de poco palmarés para que se batan por su cetro.  

Ni el neozelandés Joseph Parker (21-0, 18 KOs) ni el mexicano Andy Ruiz Jr. (29-0, 19 KOs) arriban al momento cumbre de sus respectivas carreras profesionales precedidos de una gran fama. Sus nombres, fuera de su círculo de familiares y amigos, los medios especializados y el segmento de la afición que sigue el pugilismo con inusual interés, son prácticamente los de dos desconocidos.

Pero no puede reprochársele al uno y al otro el sacar el máximo provecho de esta oportunidad única que se les presenta; el ser beneficiarios del entramado de organismos boxísticos que encuentra mucho más factible y económicamente beneficioso el tener a sus campeones por separado, para que puedan cumplir con regularidad con las defensas obligatorias que les imponen (de acuerdo a listas de retadores confeccionadas en mundos paralelos).

El próximo 10 de diciembre, el mismo día que Joshua se apresta a destruir al estadounidense Eric Molina en Manchester, Parker, de 24 años, y Ruiz, de 29, se citarán con la historia en el ensogado de la Vector Arena de Auckland. Al concluir su pleito, Nueva Zelanda o México estarán celebrando la coronación del primer campeón profesional de boxeo de su historia en la categoría de mayor tonelaje.

Contrario a lo que muchos puedan pensar, este emparejamiento, a priori, promete muchísimo más que el Martin-Glazkov, sobre todo si el azteca, que asegura encontrarse inmerso en la mejor preparación de su vida con Abel Sanchez, afronta su posible noche de consagración en óptima forma física, o lo que es lo mismo, sin hacer saltar la aguja de la báscula más allá de las 250 libras (ha llegado con sobrepeso a varias de sus peleas, incluso coqueteado con las 300 libras en sus inicios).

Parker, tras la estela de una leyenda del pugilismo en Nueva Zelanda como David “Tuamanator” Tua, otro boxeador que al igual que él tiene raíces samoanas, partirá con el cartel de ligero favorito por su condición de local y el nivel de la oposición que ha enfrentado con respecto a la del mexicano. Como enlace generacional, en su esquina tendrá como entrenador a quien fungiera como manager-preparador del mismísimo Tuamanator, Kevin Barry, obsesionado en las últimas tres décadas con la meta de traer un título de los pesados a la tierra de la gran nube blanca.

Parker, con una potencia en su puños que contrasta con la velocidad de manos de su rival, no es sólo el primer clasificado de la OMB; la FIB lo contempla además como el retador obligatorio de Joshua, pero las negociaciones para un pleito con el preferido de los hinchas del Reino Unido se quedaron a medias cuando Fury comenzó con su crisis existencial y los diferentes organismos decidieron retirarle sus cinturones.

Convenientemente, el neozelandés y su equipo apostaron primero por Ruiz, un contrincante que no ha mostrado los vertiginosos progresos del monarca de la FIB ni posee una pegada igual de demoledora. Otra razón junto al aparente menor riesgo, la mayor retribución: el enfrentamiento contra el de Baja California reportará a Parker mejores dividendos económicos, pues en un choque con Joshua, la repartición del botín habría favorecido siempre al defensor del título (75% – 25 %), además de verse obligado el aspirante a viajar al patio ajeno.

Buscando paralelismos históricos (un ejercicio de la memoria que no pierde su encanto en el deporte), la reyerta entre Parker y Ruiz, de alcanzar la intensidad ofensiva que ambos pueden desplegar, conseguiría recordarnos a aquella batalla campal que sostuvieron David Tua y Ike Ibeabuchi en 1997, en la que los dos gladiadores establecieron un récord de golpes lanzados para la división, 1730 (según ConpuStat), un promedio de casi 145 por asalto.

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