Sin brillo “King Kong” Ortíz venció a Christian Hammer Por J.J. Álvarez

En el boxeo como en todos los deportes, el objetivo supremo es vencer, al margen de los detalles específicos que acontecen durante el enfrentamiento. De ahí que en modo alguno puede menospreciarse el triunfo del cubano Luis Ortíz frente al rumano-alemán Christian Hammer, el 2 de marzo, en el Barclays Center, de Brooklyn, Nueva York. El caribeño estaba urgido de salir con el brazo en alto y lo logró.

Pero desde mi punto de vista, “King Kong” Ortíz (31-1-0, 26 KOs) no brilló ante Hammer (24-6-0, 14 KOs), un rival carente de las mínimas habilidades de este deporte, al que solo se puede acreditar alguna resistencia ante esporádicos sólidos golpes del nacido en la oriental provincia de Camagüey y asentado desde hace años en Miami, en el sur del archipiélago de Florida.

Urgido de actuaciones sobresalientes, pues se encuentra a punto de cumplir 40 años, el próximo 29 de marzo, Ortíz se limitó a moverse y fintear durante casi los 10 asaltos programados, sin mostrar el imprescindible “instinto asesino”, que le hubiera proporcionado la victoria por la vía del cloroformo, consecuencia de la escasísima movilidad de Hammer, quien también carece de una buena defensa, que lo convertía en un blanco fácil para los puños de Ortíz.

Incluso en el segundo asalto, Hammer impactó en la anatomía de Ortíz y éste perdió el equilibrio, lo que le obligó a tocar la lona con su guante izquierdo, pero el árbitro Shada Murdaugh estimó que la acción había sido consecuencia de un empujón y desestimó la cuenta protectora favorable al europeo.

En lo adelante el pleito tuvo un mismo formato: Ortíz lanzando repetidamente el jab de mano derecha, danzando alrededor de Hammer y soltando algún que otro recto de zurda, sin mucha convicción, mientras Hammer se reía ante los impactos del caribeño, en señal de que no socaban su resistencia. El público en varias ocasiones rechazó la puesta en escena, con silbidos y gritos que pedían más del gigante cubano.

Los tres jueces ratificaron la superioridad de Ortíz con boletas de 99-91 (John Basile y Waleska Roldán) y de 100-90 (Joseph Pasquale). Desde noviembre de 2016, cuando derrotó a Malik Scott por igual fallo absoluto en Monte Carlo, el púgil antillano no se veía obligado a esperar por la decisión arbitral, aunque en aquella ocasión derribó al estadounidense en tres ocasiones, en el 4to, 5to y 9no y frente a Hammer no se apuntó ninguna cuenta favorable.

Para Ortíz fue la tercera victoria consecutiva, después de fracasar frente al estadounidense Deontay “El Bombardero de Bronce” Wilder, quien lo noqueó en el décimo asalto el 3 de marzo del pasado año, cuando el cubano intentaba convertirse en el primer cubano campeón mundial en la división pesada. Previo a Hammer, Ortíz aplicó el anestésico en el segundo asalto al rumano Razvan Cojanu, en julio y cinco meses más tarde al norteño Travis “My Time” Kauffman, en el décimo episodio.

“No estoy decepcionado, pero tampoco fue lo que esperaba”, dijo Ortíz en declaraciones sobre el cuadrilátero. “Mi esquina me pidió que trabajara, que boxeara y eso fue lo que hice. No siempre el nocaut sale, pero ésta la gané con mi boxeo. (El inglés Anthony) Joshua, Wilder, el que sea. King Kong está listo”.

Hammer, de 31 años, venía de imponerse por nocaut en el quinto round al germano Michael Wallishc, en diciembre último, en Hamburgo, la ciudad donde reside, que le sirvió para apropiarse de la faja vacante europea de la Organización Mundial (OMB)

“Ortíz es muy boxeador con mucha experiencia. Es técnico e inteligente, pero no es tan intimidante como la gente dice. Lo respeto, pero no creo que es el mejor boxeador que yo haya enfrentado”. (Perdió por nocaut ante el británico Tyson Fury en 2015 y por fallo unánime frente al ruso Alexander Povetkin dos años después). Muchos vaticinaron que yo sería noqueado por Ortíz esta noche, pero demostré que estaban equivocados”.

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