A King Kong Ortíz se le agota el tiempo -Hay peleas y peleas. Algunas atrapan grandes titulares y el foco de atención de millones de fanáticos de uno a otro confín. Otras, más modestas en cuanto a ganancias, pero con idéntico significado para el futuro de los contendientes, quedan en un espacio más reducido en los cintillos periodísticos y hasta pasan casi inadvertidas en las redes sociales o en los medios televisivos.

La velada del 1 de diciembre en el Staples Center, de Los Angeles, no será la excepción. Dos duelos tienen atrapados el interés del mundo del boxeo: el que sostendrán los mastadontes Deontay Wilder y Tyson Fury, así como el de Jarrett Hurd y Jason Welborn. El primero tendrá como incentivo la corona pesada del Consejo Mundial (CMB), que expondrá por octava ocasión el estadounidense “El Bombardero de Bronce” Wilder, imbatido en 40 combates, 39 de ellos por la vía del cloroformo.

A favor del británico conocido como “El Rey Gitano” Fury (27-0-0, 19 KOs) hay que mencionar que ostentó tres fajas mundiales de la división pesada, tras imponerse al ucraniano Wladimir Klitschko en noviembre de 2015, pero más tarde las perdió, una de ellas por no enfrentar al retador obligatorio y las otras durante un proceso de franca decadencia física y moral, en el que se vinculó con las drogas y el alcohol, cayó en una profunda crisis depresiva e incrementó su peso en más de 100 libras.

El segundo pleito en relevancia en el Staples Center lo escenificarán el igualmente norteño Jarrett “El Rápido” Hurd (22-0-0, 15 KOs) y el también inglés Jason Welborn (24-6-0, 7 KOs), un peleador de escaso nivel, pero con la oportunidad de consagrarse en el mundo del boxeo, pues su rival ostenta los cinturones de súpercampeón de la Asociación Mundial (AMB), de la Federación Internacional (FIB), y el menos reconocido de la Organización Internacional (OIB), todos en las 154 libras.

KING KONG ORTIZ SE JUEGA EL FUTURO
En la propia cartelera, el zurdo cubano Luis “Kong Kong” Ortíz (29-1-0, 25 KOs) va a una trascendental pelea, no tanto por la calidad de su oponente, el estadounidense Travis “Mi momento” Kauffman (32-2-0, 23 KOs), sino porque el nacido en la oriental provincia de Camagüey y asentado en Miami está a las puertas de cumplir 40 años (el venidero 29 de marzo) y un fracaso le cerraría, casi definitivamente, las aspiraciones de conquistar un título del orbe y junto a ello en convertirse en el primer púgil de ese archipiélago caribeño con una faja universal de la máxima categoría en las filas rentadas.

La posibilidad de entrar en la historia quedó trunca, el pasado 3 de marzo, cuando Ortíz sucumbió ante los puños de Wilder, en el Barclays Center, de Brooklyn, Nueva York, donde el local anestesió al cubano en el décimo episodio, después de derribarlo en el quinto y par de veces en ese fatídico asalto, cuando el árbitro David Fields concluyó las acciones.

Si además de la derrota, algo puede incrementar la frustración de Ortíz por el resultado, es que tuvo la posibilidad de imponerse a Wilder en el sexto rollo, pues a partir del segundo minuto pegó con fortaleza al norteño, quien se vio prácticamente sin defensa y en malas condiciones, pero recibió un regalo fortuito que lo salvó de la debacle cuando todo parecía perdido: la campana.

Lamentable para Ortíz es que salió al séptimo asalto con excesiva cautela y carente del “instinto asesino” que lo hubiera catapultado a la gloria. Wilder aprovechó el minuto de descanso anterior y la desidia del cubano para recuperarse, tomar la iniciativa y poner punto final al duelo poco después.

Ahora Ortíz quiere demostrar ante Kauffman, de 33 años e inferior en experiencia y estatura, que debe recibir otra oportunidad de Wilder, aunque éste debe rebasar primero el escollo que significa Fury, un miura de 6´9 de estatura y que saldrá también con casi 40 libras de ventaja el día de la reyerta.

“Espero que Wilder me dé la revancha”, ha repetido Ortíz hasta el cansancio durante todo el proceso previo al combate. “Creo que mi actuación ante él lo merece. Lastimé a Wilder, cometí algunos errores mentales y me cansé al final, pero no considero que fue un nocaut, aunque no critico la actuación del réferi, que hizo su trabajo. He trabajado duro para corregir los errores y sé que en una revancha el final será diferente”.

Cuatro meses después del revés, Ortíz anestesió en el segundo episodio al rumano Razvan Cojanu, el 28 de julio, en el mismo escenario donde sufrió su único percance en las filas rentadas. Cuando faltaban 52 segundos para cerrar la fracción, Jerry Cantú, el tercer hombre encima del tapiz dijo “ya no más” para evitar una castigo innecesario al europeo.

KAUFFMAN EL POSIBLE TRAMPOLIN HACIA WILDER
Kauffman, de 33 años, solo ha disputado tres peleas desde 2016 y entre ésas se incluye un revés frente al zurdo estadounidense de 46 años Amir “Hardcore” Mansour (antes Lavern Moore) , el 17 de marzo del pasado año, en la Santander Arena, de Reading, Pensilvania.

En su último combate, pactado a 10 asaltos, Kauffman se impuso por fallo mayoritario a su connacional Scott Alexander, en Lancaster, California, el 10 de junio pasado. Dos de los oficiales entregaron boletas similares de 96-94, mientras el otro dio empate a 95.

Aunque siempre ha negado cualquier vínculo consciente del uso de estupefacientes, sobre Ortíz pesa la sombra del positivo a drogas. En septiembre de 2014, después de noquear a Lateef Kayode en el primer asalto, el boxeador cubano dio positivo a sustancias prohibidas. Más tarde, el 22 de septiembre de 2017, nuevamente se encontró otra muestra de orina contaminada con clorotiazida e hidroclorotiazida , en momentos que estaba en camino el combate ante Wilder.

“Cuando observas varias pruebas fallidas, tienes que cuestionar sus victorias”, señaló Kauffman a los incidentes relacionados con Ortíz. “Pero el problema es que hoy nadie cuestiona nada, porque todos elogian las trampas como si fuera algo natural”.

Ortíz señaló ante medios de Miami que respeta a Kauffman como boxeador, pero insiste que ha hablado demasiado, por lo que espera darle una lección cuando se encuentren sobre el ring. “Dice que soy un peleador sucio, que hago trampas”, expresó Ortíz en respuesta a las declaraciones de Kauffman. “Le voy a recordad que la única trampa está en mis golpes y que no me detendré ante nadie para tener otra oportunidad de luchar por un cinturón mundial”.

La suerte está echada para Ortíz. Y a escasos tres meses de cumplir 40 años, el único camino que podría conducirlo nuevamente hacia Wilder es un triunfo convincente. Cualquier otro resultado, lo alejaría, quizás para siempre, de alcanzar sueños.

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