Matthysse: Yo no voy a ser escalón de nadie -Es raro ver a un boxeador que tome un descanso demasiado largo en su mejor momento, a menos que lo haga por problemas físicos o legales. Pero luego de 17 meses de un viaje introspectivo durante el pináculo de su carrera, el ex campeón interino y favorito de los fanáticos Lucas Matthysse todavía afirma que sus razones para mantenerse alejado de las luces del ring durante tanto tiempo fueron puramente personales, y que está listo para compensar con creces por su ausencia en su inminente regreso ante Emmanuel Taylor (20-4, 14 KO) en la cartelera previa al choque entre Canelo Alvarez y Julio César Chávez Jr. este próximo 6 de mayo en Las Vegas.

Matthysse: Yo no voy a ser escalón de nadie

“Tenía ganas de descansar un poco”, dijo Matthysse (37-4, 34 KO), mientras esperaba abordar el avión que lo llevaría a Indio, California, donde está actualmente dándole los últimos toques a su entrenamiento bajo la guía de Joel Díaz. “Despùés de mi última derrota decidí regresar a Trelew, mi ciudad. Volví allá y lo pasé muy bien durante ocho o diez meses. Disfruté de mi familia, fui a pescar, a andar a caballo, en moto, y a hacer todas esas cosas que no pude disfrutar antes, y a estar con mi familia. Luego volví a entrenar de a poco, y aquí estoy, listo para volver”.

Para cualquier otro peleador, pasar tiempo con la familia implica mantenerse alejado del boxeo y tener conversaciones normales sobre cualquier otro tema. Pero ese no es el caso de Lucas, cuyo hermano, hermana, cuñado, padre y hasta su madre fueron todos boxeadores en algún momento de su vida. Volver a estar con ellos significó obtener consejos frescos de parte de la gente que le dio forma a su vida tanto dentro como fuera del ring.

“Yo me fui de mi casa cuando era un chico”, dijo Matthysse, de 34 años, quien recorrió los campos de Argentina como pre-adolescente junto a otros jóvenes boxeadores como su amigo Marcos Maidana, con quienes vendían frutas y verduras para mantenerse mientras hacían sus primeras armas en el amateurismo. “Luego viví 10 años lejos de ellos en Junín, y este regreso a mis raíces fue muy bueno para mí. Necesitaba descansar la cabeza y el cuerpo. Esos años en Junín fueron difíciles porque estábamos solos, mi esposa y yo, con muchas peleas difíciles y entrenamientos y muy poco descanso. Realmente necesitaba esto, de comenzar a entrenar cuando sintiera que lo necesitaba. Nadie me obligó, lo hice porque amo el boxeo y porque estoy ansioso por volver”.

La ansiedad de Matthysse por volver seguramente estaba siendo compartida por sus promotores, sus manejadores y especialmente por sus fanáticos en Argentina, quienes en una rara muestra de comprensión no le dieron la espalda luego de lo que muchos percibieron como casi un abandono en su pelea ante Viktor Postol. Famosos por transformar en leña a cualquier árbol caído, los fanáticos argentinos pueden ser despiadados en situaciones como ésta, pero aparentemente la mayoría decidió darle a Matthysse el beneficio de la duda por su largo y meritorio servicio al deporte de los puños.

Pero como parte de su exilio autoinfligido, Matthysse trató de mantenerse alejado tanto de las críticas como de los comentarios laudatorios, y aparentemente tuvo éxito.

“Ahora mismo no estoy usando Facebook ni ninguna otra plataforma social, pero mi hermana y mis amigos me cuentan cosas, y yo sé que hay expectativas en los fanáticos de los Estados Unidos y en Argentina también”, dijo Matthysse, quien cortó todos sus lazos con el mundo exterior tan pronto como decidió reanudar su entrenamiento, aún después de estar muy activo en Facebook durante su descanso, donde mostraba continuamente fotos de su familia y algún que otro comentario crìptico al azar sobre su relación con el boxeo. “Estoy muy feliz de ver que ellos quieren verme enfrentar a los mejores. Yo siempre estoy listo. Y ahora estoy de regreo y listo para darle con todo”.

Durante esta segunda parte de su carrera, empero, Matthysse adoptará un enfoque completamente diferente al entrenamiento y la condición física.

“Empecé a entrenar con Mario, mi papá, con mi cuñado Mario (Narvaez, hermano del campeón mundial Omar), mi sobrino (Ezequiel). mi hermana (Soledad, también boxeadora), y mi preparador físico Federico. Y esa es la idea de ahora en más. Vamos a trabajar en Trelew, tenemos un gran gimnasio y muy buenos peleadores. Es difícil a veces traer gente para ayudarme allá porque estamos muy lejos, pero estamos progresando de a poco y vamos a estar bien”.

Una de las personas que Lucas trajo a su campamento de entrenamiento fue el cubano William Scull, un púgil de peso súper mediano que aportó mucha potencia y un alcance largo para sus sesiones de guanteo, así como el ex sparring de Junín, la “Cobrita” Domínguez. Su campamento de entrenamiento fue mucho más largo comparado con los anteriores, pero también puede ser visto como un campamento más corto si creemos en la sugerencia de Matthysse de que realmente no fue un campamento propiamente dicho, sino un lento regreso a la actividad como para ir quitándose el óxido de a poco.

“Sí, claro, primero necesitaba sentir el ring bajo mis pies nuevamente”, dijo Matthysse sobre su largo y gradual regreso al ring. “Estuve lejos por mucho tiempo. Espero que todo vaya bien con Taylor y después vamos a esperar a ver qué viene. Vimos un par de videos y creo que hicimos un buen trabajo preparándonos para él, trabajamos en algunas combinaciones, algunos movimientos, y ahroa en Indio con Joel Díaz vamos a ponerle los toques finales a todo. Si todo sale bien esperamos tener otra pelea antes de fin de año”.

Uno de los nuevos desafíos que llegarán en esta segunda etapa de la carrera de Matthysse tendrá que ver con su nuevo peso, que según él será por encima de las 147 libras, en una división welter con la que ha coqueteado (con resultados mixtos, por decir algo) pero a la cual afirma haber subido ahora para quedarse.

“Hicimos un gran trabajo en el gimnasio pero yo sé que necesito adaptarme a este peso de una vez por todas. Estoy emocionado de volver en una división diferente con nuevos desafíos. He estado cumpliendo con las 140 libras desde que tengo 16 años y ahora ya tengo 34, creo que necesitaba un cambio. Estoy concentrado en este nuevo desafío”.

De ahora en más, estará preparándose para este nuevo peso y esta nueva parte de su carrera en un gimnasio flamante y completamente equipado en Trelew, la ciudad del sur de Argentina situada en plena Patagonia en la cual su familia se asentó hace ya muchos años, y donde Matthysse parece haber encontrado el lugar especial que necesitaba para absorber la inspiración de sus amigos, muchos de los cuales provienen del complejo habitacional de las Mil Viviendas en las que vivió de niño y donde hoy disfruta un status de héroe local.

Y realmente necesitará de esa magia y de esa inspiración si realmente quiere atacar una división que parecía encaminada a un bajón en calidad tras el retiro de Floyd Mayweather, pero que desde entonces se ha visto revitalizada por un puñado de tremendas peleas y parece no extrañar la presencia del boxeador más redituable en memoria reciente. Pero Matthysse ve un camino claro hacia un dominio en el peso welter que está ahí para que él salga a conquistarlo – de a un paso por vez.

“Primero necesito superar a Taylor, y luego necesito llegar a Danny García, ya sea por título mundial o no, o con Thurman o cualquiera. Yo sé que voy a tener que ganarme la oportunidad como lo hice siempre, con sacrificio y enfrentando a quien sea. Yo ya estoy encaminado a esos desafíos”.

Pero por muy posible que parezca, es igualmente posible que sus planes sean interrumpidos por una actuación poco inspirada como la que lo envió de regreso a su tierra para un descanso y un período de reflexión hace más de un año y medio. Y Matthysse afirma estar listo para esa posibilidad también.

“Si tengo la mala suerte de perder, le doy las gracias a todos y me voy tranquilo a mi casa”, dice Matthysse, con una sonrisa socarrona. “Pero yo asumí este regreso con la misma responsabilidad de siempre. Yo siempre vine preparado y sé que me van a estar mirando para ver qué hago. Yo no voy a ser el escalón de nadie. Creo que no tuve suerte en mi última pelea, pero eso es todo. De ahí para atrás creo que tuve una gran carrera. Yo sé que hay cosas muy grandes en mi camino ahora”.

La confianza nunca fue un problema para Matthysse, quien casi siempre pudo cumplir con más de lo que se propuso sobre el ring. Y durante su largo descanso ha continuado dejando constancia de sus promesas en tinta indeleble, no solo en contratos de peleas sino también en su propia piel, donde continúa apilando un tatuaje tras otro, muchos de ellos declarando su creciente compromiso con el boxeo. Como el que se hizo recientemente en el lado derecho de su cuello, en el cual una enorme calavera oscura se cierne sobre un ring de boxeo bajo la sombra de un edificio de las Mil Viviendas, un recuerdo de los lugares y las sensaciones que ya ha experimentado y las que desea experimentar nuevamente.

Sin embargo, su mejor tatuaje todavía no ha sido dibujado.

“Me hicieron dos más en el cuello, pero quizás después de esta pelea me haga otro”, dijo Matthysse, exponiendo con orgullo la tinta fresca en su ya profusamente ilustrado cuerpo. “Me prometieron que si ganaba me lo hacían gratis, así que ya estoy listo”.

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