Tras el culebrón de Tyson Fury…, la redistribución de cinturones -Con todo y lo mucho que pueda criticársele, por sus polémicas declaraciones vinculadas a temas sociales (que podía haberse ahorrado abordar), sus payasadas y excentricismos, o hasta el hecho de que se agenciara sus títulos en la pelea más aburrida de 2015, Tyson Fury ha contribuido a sacar de un prolongado ostracismo a la división de más de 200 libras.

Hagamos un análisis retrospectivo de lo ocurrido tras aquel soporífero duelo de abrazos, amagos y poquísimos golpes efectivos, en el que el gigante de Manchester derrocó al número uno de la máxima categoría de peso del pugilismo rentado, el ucraniano Wladimir Klitschko. Preguntémonos primero, ¿qué habría acaecido de cumplirse los pronósticos aquella noche del 28 de noviembre, en Dusseldorf?

Casi con total certeza, por estos días estaríamos hablando de un Wladimir a punto de defender su condición de campeón mundial de los pesados por vigésima vez consecutiva (la conseguida frente a Tyson y una más, a inicios de este año) y con un acumulado total de 25 reválidas en toda su carrera (contando su reinado previo 2000-2003), compartiendo ya el record de todos los tiempos para los mastodontes con el legendario Joe Louis.

La tan vilipendiada dinastía Klitschko, que implantara con su hermano Vitali desde mediados de la primera década del siglo XXI, estaría todavía en curso y, consecuentemente, la división se mantendría condenada al desinterés de la legión de aficionados –y no pocos entendidos– que nunca ha otorgado el merecido crédito al estelar tándem de Ucrania.

Tarde o temprano, el ya cuarentón Wladimir terminaría colgando los guantes, víctima de la desmotivación, o cediendo ante una figura en ascenso, tal vez el británico Anthony Joshua, el estadounidense Deontay Wilder o el ya no tan lozano cubano Luis Ortiz, aunque no sería en este calendario, sino en 2017, pues tras quitarse a Fury del camino, las siguientes víctimas habrían sido dos retadores obligatorios al estilo de Vyacheslav Glazkov.

Pero por cortesía del hoy protagonista de muchas páginas deportivas, sobre todo de aquellas dedicadas al pugilismo profesional, el cuento que nos toca testimoniar no terminará con el ucraniano sucumbiendo a la desidia, sino intentando reconquistar su trono. Fury lo venció en buena lid, más allá del cuestionable espectáculo que ambos brindaron en el cuadrilátero teutón, y el revuelo mediático que ha despertado el nuevo monarca desde entonces es historia consabida.

Gracias a (o por culpa de) Tyson y, primero, el glamour de sus apariciones públicas y sinsentidos, y, después, sus demonios internos, su estado depresivo y su confeso problema con las drogas, la división de más de 200 libras vive un atractivo suspense. La afición, la prensa, los dueños de otros cinturones, los contendientes de mejor ranking, todos, absolutamente todos aquellos interesados en apoderarse de sus cetros permanecen expectantes.

De un momento a otro, la Asociación y la Organización Mundiales de Boxeo (AMB y OMB) emitirán de manera oficial sus veredictos con respecto al status del vigente soberano en sus dominios y, de prevalecer la lógica, el monarca será destronado y sus títulos (también el de campeón lineal) quedarán vacantes.

La inmediata redistribución de poderes rescatará emociones perdidas en la otrora categoría reina del pugilismo, ya sea con Wladimir midiéndose a Joshua, mientras el fajín de la Federación Internacional (FIB) que ostenta el inglés y el de la AMB aguardan por el triunfador; o con los dos primeros clasificados de la OMB, el neozelandés Joseph Parker y el mexicano Andy Ruiz, arriesgando sus etiquetas de imbatidos por un pedazo de gloria.

Solo faltaría después, porque decir lo contrario sería de ingratos (y hasta cruel), que Fury pusiera orden en su vida personal y, completamente recuperado, retomara la profesión que le ha dado fama y dinero, para que volviera a escalar el ring física y mentalmente listo. Su retorno, dejando a un lado su inclinación por las acotaciones absurdas, traerá de vuelta al escenario a un hombre con vocación de showman que, además de una estatura descomunal, posee innegables habilidades boxísticas.

Fury, Joshua, Wilder, Parker, Ortiz, Ruiz, Alexander Povetkin, David Haye y un Klitschko que va de salida regalan al panorama de la división de mayor tonelaje el glamour que no tenía desde hace más de tres lustros.

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