Povetkin recibe otra oportunidad del CMB -No ha sido el calendario 2016, hasta la fecha, el más feliz en la carrera profesional del ruso Alexander Povetkin (30-1, 22 KOs). Todo lo contrario, podría archivarlo junto al almanaque 2013, en el que sufrió a manos del ucraniano Wladimir Klitschko su única derrota, como el más escabroso desde que debutó a mediados de 2005 como boxeador asalariado. Pero esa apreciación podría cambiar radicalmente en breve.

Si es cierto o no el decir popular que asegura que “no hay mal que por bien no venga” o “daño que no tenga apaño”, Povetkin podrá argumentarlo mejor que nadie. Después de coquetear con una suspensión por dopaje que amenazaba con dejarlo fuera de actividad por un período prolongado, el medallista de oro olímpico en Atenas 2004 estará de regreso a finales de año y aspirando a un título del planeta.

El oriundo de Kursk peleará contra el haitiano-canadiense Bermane Stiverne (25-2-1, 21 KOs) por el vacante cinturón interino del Consejo Mundial (CMB), un galardón creado a la espera de que el campeón de la división de más de 200 libras por esta entidad, el estadounidense Deontay Wilder (37-0, 36 KOs), se recupere de las lesiones en la mano y bíceps derechos que sufriera camino al nocaut en 8 rounds que le propinó a Chris Arreola el pasado 16 de julio.

Precisamente Wilder y Povetkin debieron medirse el pasado 21 de mayo, en Moscú, pero una semana antes de que tuviera lugar el combate, la Asociación de Pruebas Antidopaje Voluntarias (VADA, por sus siglas en inglés), una entidad con sede en Las Vegas (EE. UU.), informó a todas las partes involucradas que la muestra de orina entregada por el ruso el 27 de abril contenía restos de meldonio.

La situación obligó a posponer la pelea con carácter indefinido y desató en los medios de comunicación una serie de altercados entre los representantes de ambos púgiles, el magnate Andrei Ryabinsky, promotor del europeo, y Lou DiBella, apoderado del norteamericano, quienes ya tienen cita para resolver su litigio en febrero de 2017, en una corte neoyorquina. Wilder y su padrino reclaman que se les pague la suma millonaria que se les prometió (tenía garantizados $ 4 500 000 y un bono de 715 000 si salía triunfador) más una indemnización.

Aquel fiasco condujo al CMB a dar luz verde a su campeón pesado para que realizase una defensa opcional del cinturón verde y dorado. Deontay sumó entonces una victoria de rutina en el cuadrilátero de la Legacy Arena, en su Alabama natal, contra su compatriota Arreola, que ofreció una muy pobre demostración y fue masacrado hasta que detuvieron las hostilidades en la octava fracción.

La celebración de los parciales de Wilder quedó a medias cuando se reveló que el monarca tendría que someterse a una cirugía y no escalaría más el ring en el resto del calendario. En cuanto al que debió ser originalmente su retador, Alexander Povetkin, la suerte volvió a sonreírle, pues el CMB determinó no castigarlo, considerando que la cantidad de meldonio hallada en su muestra era inferior a un microgramo por mililitro.

La Agencia Mundial Antidopaje había estipulado, una vez que comenzaron a llover los casos de exámenes positivos por esta sustancia, prohibida desde el 1 de enero de 2016, que si el contenido encontrado se ubicaba dentro de ese rango (menos de un microgramo por mililitro), el índice sería considerado aceptable y el atleta podría evitar cualquier medida punitiva.

En ese tecnicismo se escudaron los abogados del ruso, y la organización boxística se dejó convencer, a pesar de que muchos todavía desconfían de la versión de Alexander, quien afirma que consumió el fármaco en septiembre de 2015. La sospecha no es para nada infundada: sus análisis del 7, 8 y 9 de abril arrojaron resultados negativos, antes de que las muestras A y B del día 27 de ese mes hicieran sonar las alarmas.

De cualquier manera (para quedar bien con Dios y con el diablo), Mauricio Sulaimán ha dejado claro que seguirá muy de cerca el desenvolvimiento del pleito judicial entre los abogados de Wilder y los de Povetkin y, en caso de que prevalezca la voluntad del bando del primero y quede demostrado de forma fehaciente que el ruso ingirió meldonio este año, se le retirará su título interino (de ganarlo) y la condición de retador obligatorio del campeón.

Por supuesto, lo más inmediato entonces será que Alexander aproveche la oportunidad que ahora se le presenta frente al veterano Stiverne (al igual que él, con 37 años) y se apodere de la faja que encarrilará otro posible duelo con Deontay. El asunto ya comenzó con el pie derecho para el de Europa del Este, pues, una vez más, Ryabinsky sacó la chequera con desenfado y ganó la subasta que otorgaba los derechos para organizar la trifulca.

El acaudalado magnate ofreció 3 millones 165 000 dólares, una suma que superó ampliamente los 2,1 millones con los que Don King, quien promueve actualmente a Stiverne, pensaba asegurar el control del show. Camille Estephan, antiguo mánager del haitiano-canadiense cuando este boxeaba bajo la égida de Eye of The Tiger, se fue a casa con su medio millón de dólares ($ 542 000) y aún más sonrojado que King.

La buena noticia para Stiverne es que se dividirá a partes iguales el dinero con su rival: 1 millón 424 250 para cada uno, con el 10 por ciento restante, 316 500, esperando para aterrizar en la cuenta bancaria del vencedor. La mala noticia para el originario de La Plaine y residente en Las Vegas es que para apoderarse del título interino y volver a verse las caras con Wilder, quien le arrebató el cetro regular en enero de 2015, tendrá que irremediablemente viajar hasta la gélida capital de Rusia.

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